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Perdió a 27 animales en un incendio y reconstruyó su santuario: hoy cuida a 69 perros en Nuble

En la vida de Catalina Echeñique, los animales han ocupado un lugar especial. “Siempre me han gustado los animales, desde que era chica, pero no me permitían tener mascotas”.

“Mi mamá y mi papá no me dejaban tener animales porque vivíamos de allegado con mi abuela”, afirma Echeñique, quien fundó el santuario Aperrando El Peral. “Cuando mi mamá tuvo su departamento, rescaté a un perrito de la calle. En realidad, siempre me han gustado mucho los animales, pero en ese entonces teníamos más gatos porque vivíamos en un departamento”, parte diciendo en conversación con BioBioChile.

Es más, la conexión con los animales, en especial, con los perros creció cuando Catalina conoció a su pareja. “Hace 13 años conocí a Gabriel, mi pololo, mientras andaba en bicicleta por el cerro”, detalla. “Él andaba con sus perritos y me llamó la atención; ahí empezamos a hablar. Después, cuando lo conocí mejor y fui a su casa, vi que tenía 25 perritos. Eran perritos que le iban a botar ahí en el Peral porque él vivía en el terreno del hospital psiquiátrico”, indica Echeñique.

Desde aquel momento, los pololos empezaron una cruzada para darle cobijo a los perros callejeros en un terreno ubicado en la comuna de Puente Alto, que pertenecía al Hospital El Peral.

El amor de una rescatista

Mientras se complementaban como pareja, tanto Catalina como Gabriel, se especializaron en los múltiples cuidados que debe tener un can. “Empecé a esterilizar a los perritos; en ese momento, ambos trabajábamos y manteníamos a los animales”, relata.

“A partir de ahí, comenzamos a informarnos bien sobre la nutrición de los animales e intentamos comprar mejor alimento. También empezamos a darles todos los cuidados que necesitaban, especialmente los más viejitos. Así fuimos aprendiendo junto a ellos”, complementa.

“A veces uno piensa que los perros necesitan ciertos cuidados y no es así, ya que a menudo requieren de atenciones muy específicas. A nuestra casa siempre llegaban perritos con graves problemas de socialización; eran animales que, por así decirlo, se autorrescataban. Llegaban, se quedaban y ya no había forma de que se fueran”, remarca Echeñique.

Por otra parte, muchas veces la convivencia se ve alterada en el santuario, por situaciones excepcionales. “De repente se ponen a pelear y ahí tenemos que estar separándolos, a mí me han mordido varias veces”.

Sin embargo, paulatinamente Catalina empezó a detectar los cambios anímicos de los perros. “Con el tiempo, empezamos a conocer la personalidad de los perros y a descubrir cómo manejarlos socialmente”.

El santuario de colitas

El 15 de julio de 2024, la familia sufrió un incendio en el terreno que tenían en El Peral, que dejó la pérdida de 10 gatos y 17 perros.

Así lo recuerda Catalina Echeñique para BBCL. “Nosotros alcanzamos a salir, pero con el dióxido de carbono, los animales se adormecieron y no pudieron salir de la casa. Estábamos como muertos en vida, prácticamente, porque lo habíamos perdido todo. En verdad, lo más importante eran nuestros animales; siempre han sido ellos”.

“Perderlos fue como una prueba, yo creo, porque de verdad tuvimos que ver por los animales que nos quedaban; todavía nos quedaban 37”, reflexiona.

Afortudamente, el 1 de octubre de 2024, la familia pudo cambiarse a una casa en Ninhue, una comuna campesina ubicada en la Región del Ñuble, donde reubicaron el santuario de animales. “Yo organicé un bingo en esa fecha para comprarles un contenedor a los perros, de modo que tuvieran un espacio seguro”.

“Hoy el container está al lado de la casa, por ende, una puerta de la cocina da para el espacio de ellos”, explica la cuidadora.

También Catalina Echeñique destaca que su hogar está compuesto por 69 perros, todos de diferente edad y condición de salud. “En verdad, acá hay muchos perritos que tienen patologías. Tengo a Alfred, que tiene un problema renal; al Flaquito, que tiene lupus (que, en verdad, es primera vez que tengo un perrito con esa enfermedad porque no es común); y a los viejitos, que tienen problemas de articulación y de todo tipo. Así que igual hay que asistirlos a todos acá”.

“Aquí adentro de la casa tengo siempre 20 perros, que son los más viejitos y aparte como les gusta dormir todo el día, pues los otros son más activos y les gusta estar jugando entre ellos y todo”, aclara.

“Son nuestra luz”

Catalina reconoce que cada perro que rescata, significa un compromiso que ha dejado una profunda huella en ella. “Lo que me motiva es el amor hacia ellos. No hay otra explicación: los amo con toda mi alma y, para mí, ellos son lo más importante que tengo. El haber perdido a varios me hizo darme cuenta de la realidad; fue lo que me llevó a decidir no separarme nunca más de ellos”, comenta.

“Viviendo en manada, ellos me han enseñado muchísimo; me han mostrado de verdad lo que es la bondad, el amor y la empatía, porque estos animales se adoran entre sí. Me sorprende que se lleven tan bien: uno los ve y todo el tiempo se están dando besitos, son felices, andan moviendo la colita y me miran a los ojos”, añade con emoción.

Ante la consulta de que su modo de vida puede ser extenuante, Catalina responde que todo el esfuerzo vale la pena. “Es cansador en sí, no lo voy a negar; ando con un dolor y un lumbago eterno. Pero yo sé que nací para servirles a ellos. No sé, tengo la sensación de que por algo me junté con Gabriel. A Gabriel le encantan los animales por igual. Prácticamente, son como nuestros hijos”.

“Nosotros no tenemos hijos, pero nuestros animales son nuestra luz como para poder seguir”, reitera.

En ese sentido, Echeñique aclara que “uno no tiene libertades; por ejemplo, la libertad de salir o de tener vacaciones. Uno prácticamente se esclaviza porque aquí hay muchas complicaciones. De repente, hay que saber manejar sus distintas personalidades. A veces se alteran y se vuelven reactivos; se sobreexcitan mucho con la gente o con diferentes estímulos. Nosotros tenemos caballos igual y los perros odian a los caballos, por ende, tengo que andar encima de ellos”.

“Amar como se debe amar”

Catalina tiene claro que los perros han cambiado su vida, pues se esmera en que tengan los mejores cuidados, lo que involucra coordinar bastantes actividades para su bienestar. “Todos los meses hago un video para la Lucatón y, gracias a Dios, se vuelve prácticamente viral. Así puedo conseguir los recursos necesarios mes a mes para comprar sus medicamentos, alimentos e insumos de aseo, que son de primera necesidad”, recalca.

“Aquí todos tienen una camita propia, todos reciben su medicamento si lo necesitan y sus desparasitaciones están al día. Yo soy superordenada en ese sentido con ellos, porque sé que si los descuido un poquito se me enferman, y el veterinario es más caro”, enfatiza Echeñique.

“La ayuda que siempre se necesita son donaciones de frazadas, camas y medicamentos. Esto último es supernecesario porque vivimos en el campo; siempre debemos tener un botiquín de emergencia para cualquier situación. También se requieren desparasitantes; en fin, todo lo que sirva para los animales siempre es bienvenido”, afirma Echeñique.

Después de tantos desvelos y momentos de intensidad emocional, Catalina reitera que “lo que más me ha motivado es que aprendí a dar amor”.

A lo que agrega: “Los animales en realidad son amor. Creo que, entre tanta rabia, como sociedad en general es complicadísimo vivir en armonía con ese sentimiento. Por ende, ellos me han enseñado a amar; a amar como se debe amar”.

Al final del día, Catalina Echeñique tiene claro que los perros entregan “un amor leal e indispensable, porque para ellos el amor de uno es único; en realidad, te adoran por completo y no les importan tus defectos. Es un amor tan puro”.

“Yo creo que lo que más me motiva siempre es su agradecimiento. Y bueno, también ser como lo que mis perritos pensaban que yo era: mi mejor versión para ellos”.

Mientras tanto, en la Región de Atacama existen muchos perritos comunitarios que, si bien no tienen un hogar, son reconocidos, queridos y cuidados diariamente por vecinos y personas que se preocupan por su bienestar.

Según Celeste “Tita” Figueroa, rescatista de @perrunosdelespacio, un nuevo caso de abandono ha conmovido a Copiapó. “Hoy queremos visibilizar el caso de Bigotes, un perrito comunitario que se cree fue atropellado y que actualmente presenta una grave fractura de fémur”.

Bigotes

Y agrega: “Necesita una cirugía de reconstrucción cuyo costo supera el millón de pesos, por lo que estamos realizando una campaña solidaria para reunir los recursos necesarios y darle la oportunidad de recuperarse”.

Finalmente, Tita revela que Bigotes no tiene una familia que pueda asumir estos gastos, pero sí “tiene una comunidad que no quiere dejarlo solo. Por eso hacemos un llamado a quienes puedan colaborar, porque cada aporte, por pequeño que sea, puede ayudar a que Bigotes vuelva a caminar”.

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