Por Mauricio Claro
Scottie Ferguson (Jimmy Stewart), es un detective tempranamente jubilado debido a su mal de acrofobia y vértigo. Dedicado ahora al ocio, acepta el encargo del magnate naviero Galvin Ester (amigo suyo de la Universidad) para investigar a su esposa, Madeleine (Kim Novak). Es una mujer, supuestamente, poseída por el espíritu de una antepasada suya, que murió loca.
Así la describe Rebecca Solnit en su ensayo Una guía sobre el arte de perderse: “La Madeleine de la película, con su traje gris claro, su cabello tan rubio que es casi blanco, su Jaguar verde, su aire frío y misterioso, es para el detective una imagen esquiva”.
Pero, claro, todo es un engaño. La refinada Madeleine es, en realidad, una actriz que se llama Judy, contratada para despistar al pobre Scottie. Así se busca encubrir el asesinato de la verdadera esposa del magnate, quien muere al caer de lo alto de un campanario. Scottie no puede salvarla debido a su vértigo.

Pero Scottie se ha enamorado de Madeleine, la impostora. Ahora no tiene más remedio que enfrentar la fatalidad, verla morir y asumir la pérdida.
Tiempo después, sigue rumiando a la muerta. Un día, por casualidad, conoce a Judy, la falsa Madeleine. Entonces en ella quiere revivir a su fantasma. La maquilla, la viste. Y a pesar de que Judy y Madeleine son la misma persona, el abismo que las separa es tan grande como la ficción que el detective se ha creado. A cambio, lo real le parece doméstico, insatisfactorio.
Pero Judy caerá (esta vez por accidente) del mismo campanario que la supuesta Madeleine, ante la mirada horrorizada de Scottie. Lo desconsolador de Vértigo es que la mujer amada muere dos veces.

Doble de Cuerpo
La película Doble de Cuerpo, de 1984, dirigida por Brian De Palma, utiliza el mismo argumento. Pero ahora en su versión Kitsh de San Francisco, los hechos se trasladan a Los Ángeles.
La bahía victoriana de California, que le da un aire gótico al filme de Hitchcock, trasunta en una historia de voyeurs y pornógrafos en la era Pop.
Las solemnes sequoias de Vértigo, metáforas de lo eterno y lo pasajero, han sido reemplazadas por las palmeras tropicales de Hollywood, en Doble de cuerpo.
Pero la idea es la misma: el protagonista, Jake Scully (Craig Wasson), un hombre psicológicamente vulnerable (sufre de claustrofobia), está obsesionado con una mujer de clase alta, Gloria Revelle (Deborah Shelton). Entonces descubre que, en realidad, es una actriz porno, Holly Body (Melanie Griffith), el doble de cuerpo puesto allí para timarlo.
El desengaño ocurre cuando Jake cae en la cuenta de que ha sido manipulado para convertirse en un testigo útil. En un engranaje en la estratagema del crímen.
La melancolía, la pérdida, una pasión inefable son los elementos que cuajan en la intriga.

Edgar Allan Poe y Freud
En El cuervo, poema de Edgar Allan Poe, publicado en 1845, un pájaro negro se cuela por entre las cortinas de la habitación de un entristecido muchacho, que, una noche de tormenta, llora la pérdida de su amada Leonor.
Nevermore (nunca más), es la frase que el pájaro nocturno repite sin cesar, transformándose así en la reiterada maldición del joven, que no hace otra cosa que llorar una y otra vez a la muerta, invocada por el pájaro que ha llegado a visitarlo.
Las palabras proferidas por el ave de mal agüero no son sino la confirmación insoportable de lo que fue, pero nunca podrá volver a ser.
En su ensayo de 1917, Duelo y melancolía, Sigmund Freud define a ese talante emocional como la resistencia a perder lo perdido. El melancólico es quien se niega a procesar el duelo, a cambio, permanece aferrado a lo que ya fue.
Una brújula que no indica al norte (Jack Sparrow no sabe lo que quiere)
Sábado 08 Agosto, 2026 | 07:48
El melancólico es quien pena al fantasma, y no lo contrario. Pero ¿qué es el objeto amoroso al fin y al cabo? No es otra cosa que una idea espectral, como Madeleine o Holly Body, una fantasmática. Esta es la idea que palpita en estas obras del desconsuelo.
En Filosofía de la composición, ensayo que suele acompañar a El cuervo, y que desentraña los mecanismos de la creación artística, Poe se pregunta:
“¿Entre todos los temas melancólicos, cuál lo es más, según lo entiende universalmente la humanidad? Respuesta inevitable: ¡la muerte! (…) Luego la muerte de una mujer hermosa es, sin disputa de ninguna clase, el tema más poético del mundo”.
La melancolía, encarnada en el nevermore, explica el poeta, es la palabra más desesperada, más “llena de dolor y de horror que concebirse pueda”.
Bien quisieran, los enfermos de melancolía, poder levantar a los muertos de su tumba.
Mauricio Claro
Magister en teoría e historia del arte
Crítico de cine
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