La cantante Rosalía volvió a evangelizar a Chile este sábado con el segundo de sus conciertos en el Movistar Arena.
Alrededor de las 21:10 horas, la española apareció en escena ante un recinto repleto, luciendo un vistoso traje inspirado en una bailarina de ballet y emergiendo estratégicamente desde el interior de una estructura en forma de caja para dar inicio a la jornada.
Tras el «Overture», la artista arrancó con fuerza el espectáculo para conectar de inmediato con «Sexo, violencia y llantas» y «Reliquia», temas que fueron coreados a todo pulmón por los presentes.
La jornada, que continuó con «Porcelana», «Divinize» y «Mio Cristo piange diamanti», estuvo marcada por una propuesta que fusionó la disciplina de la danza clásica con pasajes de imaginería religiosa, desplegando cuidadas coreografías que mantuvieron al recinto en constante expectación.
Complicidad con el público y el confesionario
Para dar inicio al segundo acto, la intérprete mantuvo al público en un trance colectivo al cantar «Berghain«, marcando un llamativo cambio de atmósfera que luego dio paso a una ráfaga de éxitos compuesta por «SAOKO», «LA FAMA», «LA COMBI VERSACE» y «De madrugá».
En tanto, el tercer bloque tuvo a «El redentor» y su propia versión de «Can’t Take My Eyes Off You» antecediendo uno de los momentos más íntimos de la velada: el confesionario.
En esta ocasión, la invitada fue la escritora Romina Pistolas, quien, a diferencia de Francisca Valenzuela en el primer show -que relató una impactante desilusión amorosa– confesó ante el recinto una historia donde ella fue infiel.
La confesión sirvió como antesala ideal para interpretar «La Perla», tras la cual la cantante hizo una pausa para conversar con el público en las plateas, felicitando a una fanática por terminar con su pareja para ir al show y cantando a dúo con una imitadora. Luego, la velada continuó con una emotiva versión de «Sauvignon Blanc» y «La Yugular».
Un cierre celestial
Cerca del cuarto bloque, la española se acercó a las rejas para interpretar «Dios es un stalker» junto a los fanáticos de las primeras filas, para luego continuar el recorrido con «La rumba del perdón» y «CUUUUuuuuuute».
Vestida de ángel en el último acto, la artista encendió el recinto con «BIZCOCHITO», «DESPECHÁ» y «Focu ‘ranni», dando paso a un broche de oro de la mano de «Magnolias».
En este cuarto paso por Chile -donde aún le restan las jornadas del lunes 27 y el miércoles 29 de julio-, la catalana volvió a dejar en claro por qué se ha consolidado como una de las figuras más completas y vigentes de la industria internacional.
Con propuestas cada vez más innovadoras, un despliegue vocal de primer nivel y un dominio escénico magistral, la estrella reafirmó que su arte se posiciona en una liga propia, regalando a Santiago una noche verdaderamente celestial.