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La chilena que sufrió una estafa, durmió en el suelo y conquistó la TV española con sus sopaipillas

La historia de vida de Lily Fernández (54 años, Valparaíso) es digna de ser contada, y más aún, cuando el orgullo patrio sale más a flote en estas fechas con la cercanía de las Fiestas Patrias. Trabajadora social, exfuncionaria del Serviu y pieza clave en la reconstrucción después del megaincendio de Valparaíso en el 2014, dejó todo atrás, como tantos chilenos, para emprender y vivir un sueño.

Es la dueña de “El Rincón de Lily”, la única picada chilena en Andalucía. Está en Málaga, plena Costa del Sol, donde ha logrado cautivar a los españoles con empanadas, sopaipillas, completos, pastel de choclos y chorrillanas. A tal punto ha llegado el éxito de su aventura que en agosto recién pasado fue invitada a la TV local. Compartió su historia y recetas criollas en “La Tarde Aquí y Ahora” de Canal Sur, el más importante de la comunidad autónoma y que tiene presencia en toda España.

Un dato curioso de esta historia es que Lily no es chef ni estudió cocina. Según cuenta a BioBioChile, antes de llegar a Málaga en 2022 “no cocinaba ni en mi casa”.

Del Serviu de Valparaíso a comenzar de cero en Málaga

¿Cómo se puede tomar una decisión tan radical como esta? En pocas palabras, porque Lily se enamoró, pero no de una persona. Fue de la ciudad andaluza donde actualmente reside y tiene su restaurante.

Todo surgió en julio de 2022, cuando se encontraba de vacaciones en Europa. Tenía el compromiso de conocer Lubrín, un pueblo en Almería, de donde era su abuelo. Había dejado cuatro días para ello, pero el lugar era tan pequeño que le bastaron solo 15 minutos.

Habló con su hija, con quien compartió la aventura, y decidieron adelantar el viaje hasta Málaga, desde donde tomarían el avión unos días más tarde para volver a Madrid y emprender el regreso a Chile. Fue una caminata por el centro de la ciudad lo que cambió todo.

“Adelantamos el viaje a Málaga, llegamos muy tarde y mi hija no quería salir del hotel. Estábamos en la calle Larios (una de las más turísticas). Le dije que fuéramos a conocer, aunque fuera bien de noche, pero que si veíamos que había algún peligro, saldríamos en la mañana. Cuento corto: eran las 04:30 de la madrugada y todavía seguíamos dando vueltas. Había una tranquilidad increíble”, recuerda.

En ese ambiente llegó a uno de los lugares más emblemáticos de Málaga, el Muelle Uno. Cuenta que “al parar ahí, hice un giro en 360 grados, miré todo y le dije a mi hija: ‘yo me vengo a vivir a Málaga. Me enamoré”.

—¿Cómo lo hiciste, porque debías volver a trabajar al Serviu?

“Llegué a trabajar la primera semana de agosto y al primer día pido audiencia con la directora de Serviu. Me senté, le conté la historia y le dije que me iba a vivir en Málaga, pero que todo dependía de ella, porque necesitaba que me aprobara el permiso sin goce de sueldo por dos años. Quedó en shock, pero me dijo que me lo daría y que admiraba mi valentía.

Una vez que tenía el permiso en mis manos, reuní a mi familia para ver quién se encargaba de mis cosas y el 8 de septiembre estaba acá. Alquilé un piso por 10 meses en Marbella”.

Entre estafas y dormir en el suelo: nace El Rincón de Lily

—¿La idea de poner una picada la tenías clara?

“No sabía qué iba a hacer. Yo nunca cociné, ni en mi casa, por lo que pensar en esto no era una idea al comienzo. Todo el mundo me preguntaba a qué me iba a dedicar, y de verdad no lo sabía. Creía que el destino me lo diría. Mientras tanto, me fui a conocer los entornos de Andalucía, hasta que en diciembre me dieron ganas de comer un completo”.

—Lo que le pasa a la gran mayoría de los chilenos cuando salen del país…

“Claro. Y empecé a buscar en Google, porque chilenos hay en todos lados. Me aparecieron tres: uno no existía y los otros dos eran fusiones de comida latina, pero no cien por ciento chilenos. Ahí fue cuando dije que, si a 15 millones de chilenos les gusta el completo, ¿por qué aquí no puede ser también? Pensé en algo tipo sanguchería pequeña y ver cómo funcionaba. Fue muy a lo loco, porque no averigüé el tema de los impuestos, cuánto debía pagar y eso aquí es una locura. Busqué un lugar chiquito para vender completos, barros luco, empanadas. Encontré un local a tres cuadras de donde estamos ahora y así nació la idea de El Rincón de Lily”.

—Al comienzo hubo muchas dificultades. Hasta te estafaron.

“Me pasaron varias cosas. Perdí la inversión inicial de mi dinero y ahí empezó una lucha con mis hijos, que me decían que me devolviera y que no pasara malos ratos. Pero a mí me cuesta renunciar a una idea, trato de dar la batalla y no me quise rendir hasta haber agotado la última instancia.

La estafa fue que yo había pagado por el traspaso de un local que tenía todos los permisos para poder comenzar de inmediato. Cuando yo lo vi estaba funcionando y a través de una inmobiliaria. Pequé de confiada, porque no pedí la documentación. Entregué todo mi dinero y resultó que no me quedó casi sin nada. Solo tenía pagado el alquiler, que era con otra persona”.

—¿Qué hiciste?

“Un policía amigo me dijo que cualquier denuncia iba a ser un trámite muy largo y me recomendó que siguiera. Ahí me senté a hablar con Dios y le pedí herramientas, porque acá no conocía a nadie. Necesitaba una señal para quedarme o irme. Al día siguiente, yo abrí igualmente, sin permiso, y me arriesgué no más. Entró un cliente a tomarse una cerveza y me dijo que nunca había probado comida chilena. Yo sabía que estaba ilegal, tenía mucho miedo, pero debía generar dinero.

El me vio con los ojos llorosos y me desahogué, aunque era un desconocido. Le conté lo que me pasó. De la nada me dice que tenía un amigo en el ayuntamiento y empezó a hacer llamadas. Después lo llamó el amigo y le dio ideas de cómo salvar la situación. Le aconsejó que hablara con el dueño del local y que si tuvo permiso anteriormente. Me contactó con un perito y en una semana tenía todo listo para comenzar. Fue todo con mucha ayuda. Esa fue una señal muy clara de que me tenía que quedar y seguir”.

—Desde ahí has tenido un crecimiento lento, pero seguro. El Rincón de Lily ya no es solo para los chilenos que viven en Málaga.

“Al principio, la carta tenía seis productos: empanadas, completos y otros sándwiches típicos chilenos. Así empezaron a llegar chilenos, porque una vecina decía que conocía una amiga chilena, la invitaba y comenzó el boca a boca. Me empezaban a pedir que incluyera más platos. Ahí empecé a sacar las recetas del chef Álvaro Barrientos. Me dije que si al probar las preparaciones, cierro los ojos y pienso que estoy en Chile, es porque resultó, si no, lo descarto. Y hoy tengo una carta bastante amplia”.

Sopaipillas y pastel de choclo: las joyas de la corona de la comida chilena en España

Sorteado con éxito el apoyo de los chilenos que llegaban desde distintos puntos de España a conocer el local, en paralelo, Lily trabajó en cautivar a los españoles, algo que fue logrando con buena mano, simpatía y tiempo.

—¿Qué opinan los españoles de la comida chilena?

“Les encanta y la valoran mucho. Yo partí vendiendo mucha sopaipilla, es increíble cómo les gustó, incluso más que el completo, que en realidad nunca ha sido tan protagonista, pese a que es por lo que cree esto. Actualmente, el pastel de choclo la rompe”.

—Para nosotros el pastel de choclo es un manjar, ¿cómo lograste meterlo en el gusto de los españoles que te visitan?

“Yo, para hacerme conocida, contraté Groupon… no ganaba nada, pero me daba publicidad y apostaba a que la gente que viniera después quisiera volver y correr la voz. La cosa es que en el anuncio salía el pastel de choclo, que no era la especialidad de la casa. Mucha gente llegaba pidiéndolo y me mostraba la foto”.

—Aparte de la rica comida, la gente valora mucho tu cercanía. Siempre estás hablando con los comensales y les presentas los platos…

“Eso es algo que ha ayudado mucho, especialmente en las reseñas de Google. Acá vas a un restaurante, pides la carta, comes y te vas; yo no. Me quedo conversando con la gente y les llamaba la atención, porque yo recibía, tomaba el pedido, me iba a cocinar, servía y cobraba. No tenía empleados, nada…tenía que hacerlas todas”.

—En medio de este éxito que comenzaba a ser cada vez mayor, ¿cómo estaba tu vida personal?

“Pasaron cosas. Cuando se me acabaron los diez meses de arriendo de la casa en que vivía, no me daban mucho las finanzas. A veces no tenía para pagar el alquiler del local. Tuve que dormir (en el suelo) en el restaurante…una amiga me prestó un colchón de estos de campaña. Eso fue duro, hubo muchos momentos de llanto, de querer tirar la toalla, casi todos los fines de mes. Pero muchas veces, después de un llanto, al otro día, el local se llenaba.

El salto de la comida chilena a la TV de España

—Una de las mayores muestras del éxito de El Rincón de Lily es que hace unas semanas fuiste invitada a la TV española y a uno de los canales y programas más importantes de Andalucía, “La Tarde Aquí y Ahora” de Canal Sur.

“Sí. En junio de este año me fui de vacaciones a Chile, y después a Italia. El último día antes de irme, recibí un llamado muy insistente. No quería contestar, porque pensaba que era para una reserva que no iba a poder atender, hasta que respondí y era una periodista del programa. Yo estaba incrédula, pero me contó que tenían un espacio para dar a conocer comida internacional en Andalucía, que es una región multicultural y que cuando buscaron Chile, El Rincón de Lily era el único restaurante que aparecía en Google, que además tenía muy buenas reseñas. Me dijo que los comentarios le encantaron. El tema es que me invitaron justo para el lunes siguiente, cuando ya iba a estar de vacaciones, así que tuve que decirles que no”.

—¿Cómo lo arreglaron?

“Yo aún estaba muy incrédula, porque me costaba entender que me estuvieran llamando de la televisión española. Le comenté a la chica que eran mis primeras vacaciones desde que abrí el local, así que quedamos de hablar la primera semana de agosto. El primero, ya me estaba llamando para coordinar. A los pocos días, salimos en vivo en el Canal Sur”.

—¿Y qué tal fue la experiencia?

“Me sentía como una artista. Tenía camarín, me llevaron a maquillaje y a las chicas les decía que mi sueño era estar en un set de maquillaje, así que me trataron súper bien”.

—En términos profesionales ¿cómo fue dar a conocer toda esta historia detrás de ti y la chilenidad?

“La experiencia fue maravillosa, la disfruté al máximo. No me puse nerviosa para nada. Era como estoy hablando contigo ahora, todo muy natural y espontáneo; sentí que salió bonito. Incluso hubo un percance, porque falló la cocina y yo, con mi personalidad, solucioné el tema. Me quedé muy contenta y tranquila.

Una cosa que se me olvidó fue decir el nombre del local, pero la gente ha llegado igual, diciéndome que vieron el programa. Incluso, vecinas y vecinos, que no eran mis clientes, ahora empezaron a venir y mucho. Se sienten contentos de que alguien del barrio suyo haya estado en la TV española también. Me dicen ‘Lily, la famosa’”.

Llegaron también algunos jóvenes y quedaron locos con la chorrillana. Hay un chico que me trae gente y vienen dos o tres veces a la semana”.

—Con todo lo que has logrado, ¿te sientes una embajadora chilena, no solo en Málaga, sino que en Europa?

“Un poco sí, porque acá ha venido gente de otros lugares de Europa. Me he hecho un nombre al ser el único restaurante chileno en toda Andalucía. Estoy muy orgullosa de todo esto”.

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