La Danza de los Dragones, la guerra civil de la Casa Targaryen que consume a toda Westeros, entró en su fase decisiva con el desenlace de la tercera temporada de «La Casa del Dragón» («House of the Dragon»), dejando el escenario listo para lo que será la cuarta y última temporada que se estrenará durante el 2028.
El octavo episodio del tercer ciclo rompió con una tradición que caracterizaba a las producciones del universo televisivo de «Game of Thrones«, pues el penúltimo capítulo de cada temporada solía ser aquel donde ocurrían los grandes eventos. Posteriormente, sus consecuencias eran abordadas en el final de temporada, para así dejar los hilos argumentales abiertos a su desarrollo futuro.
La serie encabezada por el showrunner Ryan Condal optó por un camino diferente, en clara respuesta a las críticas que recibió por el frustrante desenlace de su segundo ciclo. Acá soltó toda la artillería en su último episodio para despedir la tercera temporada con sangre, fuego y tragedia.
Tomando caminos diferentes a los de la extensa crónica «Fuego y Sangre» de George R.R. Martin, que inspira «La Casa del Dragón», el capítulo se desarrolló en tres frentes. Por un lado, en King’s Landing, «Rhaenyra» (Emma D’Arcy, gigante) termina por abrazar el lado más despiadado y escalofriante de su sangre «Targaryen» al llevar a cabo la violencia contra sus propios súbditos en la búsqueda por asegurar el poder que le fue prometido.
Tanto así que, ante las masas, se autoproclamó como la «princesa que fue prometida», revelando la profecía de la «Canción de hielo y fuego» para hacer ver que nadie más que ella puede ocupar el Trono de Hierro.
En otro frente, se extiende por el reino la noticia del renacimiento de «Aegon» (Tom Glynn-Carney) y su dragón «Fuegosol», pero el rey lisiado y desfigurado está más preocupado de ajustar cuentas con su hermano «Aemond» (Ewan Mitchell) por el intento de asesinato en su contra.
El reencuentro de ambos en Harrenhall resulta frustrante para «Aegon» al dar cuenta de lo mucho que ha cambiado su hermano, quien acepta su culpa y busca el perdón. Pero aquello no será tan fácil de obtener.
Mientras que todos los caminos llevan a Tumbleton, donde el bando de los negros -que apoya a «Rhaenyra»- se enfrenta a la ocupación de la ciudad liderada por el inestable y conspirador «Ormund Hightower» (James Norton, grandiosa incorporación a la serie). Su meta es restaurar la legítima línea de sucesión al Trono de Hierro, para lo cual tiene como pupilo al hijo menor de «Alicent» (Olivia Cooke), el príncipe «Daeron Targaryen» (Benjamin Evan Ainsworth).
El inevitable choque entrega una de las mayores batallas que haya cobrado vida en la serie, no solo en su escala, impacto y espectacularidad, sino que también en sus consecuencias. Muchos personajes caen entre las espadas, las flechas y el fuego, y las traiciones están a la orden del día, con decisiones y acciones que marcarán profundamente el futuro del conflicto.
Ahora más que nunca, el sinsentido de la guerra cobra mayor fuerza. En una guerra civil, esto es aún más desolador. Los inocentes son los que más pagan las consecuencias, con ambos bandos tan cegados por sus respectivos objetivos que no ven la destrucción en sus propios entornos.
La última escena del capítulo es el mayor ejemplo de esto. Ante la tragedia, una expresión de satisfacción en el rostro de un personaje dice demasiado. Ninguna vida importa ni la ruina es poca si al final se consigue el objetivo.
La tercera temporada de «La Casa del Dragón» ya está completa en el streaming HBO Max, con su cuarto y último ciclo a estrenarse durante 2028.