Steven Spielberg vuelve a sus orígenes cinematográficos con «El Día de la Revelación» («Disclosure Day»), su nueva película que resulta ser un gratificante regreso a casa para un cineasta que ya no necesita preguntarse si hay vida en otros planetas, sino plantear la certeza de que la humanidad puede ser mejor de lo que es ahora.
Escucharnos, mirarnos a nosotros mismos y unirnos bajo una misma bandera, entendiendo y abrazando nuestras diferencias, con el director abrazando un enorme optimismo de un futuro más luminoso para este mundo.
Basada en una historia del propio Spielberg y con guion de David Koepp («Jurassic Park»), el laureado cineasta vuelve a una fascinación juvenil, la vida extraterrestre, tomando como inspiración registros de avistamientos en diversos países y, principalmente, un artículo publicado de The New York Times, publicado en 2017, acerca de un programa del Pentágono sobre Fenómenos Anómalos No Identificados (UAP, por sus siglas en inglés).
A diferencia de sus anteriores incursiones en el género, iniciando con «Encuentros cercanos del tercer tipo» para luego continuar con «E.T. El extraterrestre» y «La guerra de los mundos», acá no hay necesidad de poner al espectador a preguntarse sobre si hay vida en otros planetas. Esa pregunta se responde rápido, incluso desde antes de entrar al cine, porque el foco está asentado en otra parte: las consecuencias de que la especulación se transforme en certeza.
Cuando la película inicia, la historia ya se encontraba en marcha. Ahí conocemos a «Daniel Kellner» (Josh O’Connor), un experto en ciberseguridad que robó importantes archivos secretos, encontrándose a la fuga de una misteriosa agencia que no quiere que esa información clasificada salga a la luz.
En paralelo, una presentadora del tiempo de una cadena local de Kansas, «Margaret Fairchild» (una gigantesca Emily Blunt), es elegida como la portavoz de un mensaje de origen desconocido. Sin saberlo, sus caminos están destinados a cruzarse para dar a conocer una verdad que le pertenece a todo el mundo.
Manteniendo un delicado balance entre el thriller conspirativo, la trepidante acción y la ciencia ficción pura, la fuerza de «El día de la revelación» está en el drama humano que se da en este escenario de lucha entre dos frentes, los protectores de la verdad y los defensores del orden establecido.
Lo rupturista de Spielberg es el potente optimismo con el que plantea el debate, sintiendo que la humanidad es capaz de aceptar aquello que se le oculta y entender que hay mucho más allá de nuestro planeta. Eso es suficiente para unirnos bajo una premisa que parece simple, pero resulta muy poderosa: es poder de la comunicación.
De la mano de una musicalización del imparable John Williams, que eleva a niveles gigantes todo el tramo final, y un ritmo que da pocas pausas, la mano de Spielberg se percibe en cada toma, plano y secuencia, especialmente aquellas que involucran a Blunt, quien está cautivante y es el verdadero corazón de la película.
No todo resulta afinado en esta aventura, pues entra en juego un objeto al que se recurre demasiado como solución milagrosa para prácticamente cada problema mayor y hay un desprolijo trabajo digital en la creación de animales que aparecen en momentos clave.
«El día de la revelación» es el Spielberg que nos recuerda por qué es el padre del blockbuster cinematográfico, donde aún podemos maravillarnos con lo que vemos en la gran pantalla, disfrutando de un viaje sumamente optimista.
Un gratificante regreso a casa de un cineasta que no necesita demostrar nada, pero aún así continúa impresionando.
«El Día de la Revelación» de Steven Spielberg ya está en cartelera en los cines de Chile.